TECNOLOGÍA

El Grupo Volkswagen añadirá filtros de partículas a sus motores gasolina

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Volkswagen, Audi, Seat, Skoda y Bentley incorporarán, desde junio de 2017, un filtro de partículas en sus motores de gasolina de inyección directa, con lo que se reducirán en un 90% su emisión de partículas, una de las principales fuentes de contaminación en motores modernos.

A causa de las nuevas normativas anticontaminación que entrarán en vigor en 2017, algunos fabricantes de automóviles han decidido instalar en sus coches gasolina con turbo filtros de partículas.  Llega la era del sistema FAP, y el Grupo Volkswagen se subirá a este vagón primero con los Volkswagen Tiguan con motor 1.4 TSI, seguidos por los Audi A5 con el propulsor 2.0 TFSI, primeros pasos en el camino a dotar de filtro de partículas a 7 millones de vehículos del gigante alemán.

 

LA CONTAMINACIÓN, CADA VEZ MÁS CONTROLADA

En la actualidad, cada vez hay mayores restricciones para los automóviles en cuanto a su capacidad de contaminación, sus emisiones directas e indirectas y su control. Aunque puede parecer que esta preocupación ha surgido hace tan sólo unos años, la realidad es que ya en los años 70, en Estados Unidos, se implantaron las primeras leyes anticontaminación para paliar la emisión de gases nocivos que emitían los coches de la época y, a su vez, reducir el consumo por la crisis del petróleo –un hecho que supuso, además, la catapulta en ventas para los fabricantes japoneses Honda y Toyota–. En Europa, las primeras directivas al respecto no llegaron hasta 1987 con la primera Ley Euro. Tras ello, han surgido otras cinco leyes más, llegando a la actual Euro 6.

Con las leyes Euro6 y Euro6B –modificación que entró en vigor en 2014– los coches que tenían mayores problemas para conseguir las bajas emisiones que exige la ley eran los equipados con motores turbodiésel. Por ello, para conseguirlo, los fabricantes decidieron introducir el filtro de partículas –FAP–. Este sistema va instalado justo antes de la salida de los humos en el tubo de escape y en él se adhieren las partículas contaminantes de una gran variedad de diámetros. Cada 400 kilómetros –aproximadamente, varía según el modelo– el motor inyecta más gasolina de lo habitual al cilindro para aumentar la temperatura que se alcanza en el filtro y con ello incinerar las partículas almacenadas en el filtro.

Ahora con la llegada de leyes anticontaminación más restrictivas previstas para 2017, los fabricantes de automóviles se han encontrado de nuevo con este problema, pero esta vez en los motores gasolina de inyección directa. Para paliarlo, marcas como Mercedes y ahora Volkswagen han decidido volver a recurrir al filtro de partículas como solución.

Todo esto hará que muchos os preguntaréis ¿por qué los motores de gasolina con turbo actuales no pasarían las emisiones? Pues por dos razones principales. La primera es que, además de las nuevas pruebas clásicas de emisiones en bancos de rodillos, con la ley Europa que llegará a partir de 2017, también se someterán a los motores a pruebas dinámicas en carretera, mucho más similares a la conducción de un usuario medio.

Todavía más importante es la segunda causa: según distintos grupos de investigadores, algunos modelos emiten hasta 1.000 veces más partículas que los motores gasolina con configuraciones clásicas –inyección indirecta– y 10 veces más que los actuales motores Diesel. Esto está provocado en gran medida por el sistema inyección directa de estos motores, y constituye un gravísimo problema de sanidad pública.

A la conclusión que podemos llegar es que, aunque muchos propietarios de coches con motores turbodiésel pensaban que podían librase de los problemas del filtro de partículas –en próximos artículos os explicaremos cómo evitar muchos problemas con variaciones en la conducción– si adquirían un coche con motor de gasolina, tendrán que asumir que llega la época del sistema anti partículas FAP también si repostas 95 y 98.

¿Puede que Volkswagen persiga con este movimiento un revulsivo a su crisis ‘Dieselgate’? Parece más que probable, pero también lo es que la preocupación por la brutal incidencia de las partículas en forma de cáncer humano les haya decidido a cambiar su política para los motores de inyección directa de gasolina.

 

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