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GP de Malasia 2016: Vueltas de fortuna

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Lewis Hamilton estaba haciendo un fin de semana perfecto. Había recuperado las buenas sensaciones con su Mercedes, tras una carrera en Singapur algo perdido. Se resume en su vuelta de clasificación para hacerse con la Pole Position: nada de telegrafiar con el acelerador en las curvas, sólo aplicando el gas con decisión y encontrando mucho agarre como respuesta. Aún con un ligero error, una vuelta que le daba cuatro décimas de ventaja con su compañero Nico Rosberg. En esa especie de pelea, Lewis aventajó en medio segundo en Monza a Nico, Nico en siete décimas a Lewis en Singapur, y aquí otra vez para Lewis. Distancias muy amplias entre compañeros con el mismo coche.

Rosberg sufrió en la clasificación. Se coló en segunda posición en el último momento, salvando los muebles. Pero no tenía el ritmo para pelear con Hamilton, y por detrás los Red Bull eran una seria amenaza. Habría que trabajar para intentar ganar, pero también para conseguir la segunda posición. Un dato interesante que arrojó la clasificación fue el orden claro de fuerzas: dos Mercedes en primera línea, dos Red Bull en la segunda, dos Ferrari y dos Force India. Esa es la situación de rendimiento en la actualidad.

Mientras Felipe Massa tenía que dirigirse al carril de boxes al iniciar la vuelta de calentamiento por un fallo en el acelerador, Hamilton preparaba todo con mucho cuidado. Nada de malas salidas. El resto de coches tardaban en llegar a sus posiciones, las luces remoloneaban para encenderse. Calma. Al apagarse, una salida perfecta, con Rosberg revoloteando en sus retrovisores, y Sebastian Vettel, que salió mejor que el resto, dispuesto a hacerse con la tercera plaza, en lucha con Max Verstappen. Los Grandes Premios no se ganan en la primera curva, pero pueden perderse. Vettel frenó más tarde aún que un Verstappen que ya había frenado de por sí tarde. Hamilton estaba ya en mitad de la curva, pero Rosberg estaba iniciando su trazada. 

Y entonces, el mundo giró. Rosberg veía entre el humo de sus ruedas a los monoplazas viniendo de frente, sin saber qué había ocurrido, pero consciente de que tenía un problema. Rogando para que nadie le embistiese de nuevo. Pasada la jauría de coches y evaporado el humo, tocaba girar de nuevo, tomar el sentido correcto, y comenzar a subir una montaña. La carrera estaba perdida, pero podía ser peor todavía: el Mundial podría complicarse. Por suerte, el coche no tenía daños y funcionaba.

Fue Sebastian Vettel el que tocó la rueda trasera derecha de Rosberg y le hizo ejecutar la pirueta, con el lógico enfado de Nico hacia el "descontrolado tetracampeón", que acabó su carrera con la rueda delantera izquierda rota. Son ya demasiados los incidentes en la primera curva para Vettel este año. La impotencia de querer optar a grandes resultados y tratar de tener una posición óptima desde la salida le está llevando a errores de cálculo de consecuencias nefastas para él, y para los que le rodean. Pudo acabar con la carrera del líder del campeonato.

Mientras tanto, Jenson Button aprovechaba las dudas, los toques y los abandonos para colocarse cuarto después del embudo de las curvas 1 y 2. Tenía a Max Verstappen detrás suyo, y en ese momento tuvimos el mejor adelantamiento de la carrera, que pasó desapercibido: en las rápidas enlazadas, Max se puso por el exterior del McLaren en la curva a izquierdas, en la zona sucia, tratando de ganar el espacio para la siguiente a derechas. Jenson abrió un poco la trazada, lo justo para apartarle sin empujarle. Rocoso, Max no cedía, y entonces ganó la posición en la de derechas y se colocó cuarto de nuevo.

Hamilton estaba líder, con cierta ventaja, cuando apareció el coche de seguridad virtual. Rosberg era decimoséptimo. Al retirarlo en la vuelta 3, Verstappen demostró tener mucha inteligencia, adelantando enseguida a Räikkönen, que reaccionó tarde, y a Sergio Pérez, que se había colocado tercero en la salida. Pero nada inquietaba a Hamilton, líder sólido, con un Ricciardo que no podía acercarse y no era rival en absoluto. Sólo una segunda fase de coche de seguridad virtual por la rotura de frenos de Romain Grosjean, colocó a Verstappen como una pieza a tener en cuenta, provocado por su entrada a boxes desvinculándose de las estrategias preestablecidas. Había que tener cuidado con el jovencito. Y sí, Rosberg trepaba con paso firme por el grupo, algo lógico pero no preocupante para su liderato, que Hamilton sólo perdió con su parada en la vuelta 21, recuperándolo poco después. Era una carrera fácil, trabajada durante el fin de semana con mucho detalle.

Hasta el final de la vuelta 40. Tras tomar la última y recién contraperaltada curva, enfilaba la recta de meta para la vuelta 41. Sólo quedaban quince. Un rateo. Extraño. Gas a fondo todavía, y entonces la impotencia de no escuchar el rugido del motor. En sus retrovisores, humo y fuego. La unidad de potencia había dicho basta. Sus gritos desesperados por la radio destilaban la incredulidad de una situación que parecía solventada tras los problemas de principios de año. Estaba a punto de ganar, de recuperar el liderato del campeonato. Pero justo en la curva en la que Nico Rosberg estuvo a punto de ver terminar su carrera, la Diosa Fortuna le fue esquiva, y cerca de ella, Cloto, Láquesis y Átropos habían tomado la decisión de cortar el hilo de la vida de su motor de combustión. Puede incluso que hasta la de su posibilidad de ganar el cuarto mundial. Y por ello lanzaba el mensaje de que alguien le debe algunas respuestas.

Nico Rosberg era ahora tercero. Había ascendido de manera agresiva al cuarto lugar poco antes, en la vuelta 38, al lanzar con vehemencia su coche en la estrecha segunda curva al hueco dejado por Kimi Räikkönen. Un hueco escaso, y que provocó el contacto entre los dos coches. No, Rosberg no había adelantado a Kimi, pero tenía el interior, ganado con agresividad. Le valió una sanción de diez segundos que no le impidió conseguir el tercer escalón del podio, y así convertir lo que era una carrera desastrosa en una recuperación decente, que unida a los problemas de Lewis le hace abrir una buena brecha con él.

La victoria era cosa de los Red Bull. Daniel Ricciardo y Max Verstappen habían tenido en la vuelta 39 una lucha intensa. Lo cierto es que Daniel había arruinado las escasas posibilidades de Max de poner en aprietos a Hamilton por la victoria. Lo retuvo, pero no hubo órdenes de equipo. El duelo fue eléctrico. Max intentó repetir su movimiento con Button en las enlazadas, pero Ricciardo no iba a ser tan dócil. Durante la larga curva de izquierdas, los dos iban en paralelo, y en el cambio de dirección para la de derechas los coches casi se tocan. Era un momento de templar nervios, pero también de ego, de liderato en el equipo. Ninguno iba a ceder. Max por el interior, Daniel por el exterior, con el pie a fondo a la salida. Por un momento, Verstappen lo había superado, pero en la aceleración hacia la siguiente curva a derechas, la mejor trazada de Daniel, por el exterior, la correcta, le dio la posibilidad de traccionar mejor y llegar delante. En ese momento no lo sabía, pero le había valido una victoria. Ambos pasaron por los boxes tras el abandono de Hamilton, aprovechando otro coche de seguridad virtual. Desde ahí, sólo había que llegar a meta. Y Daniel Ricciardo vio así equilibrado su karma con Hamilton por la victoria perdida de Mónaco, cuando los mecánicos de Red Bull no tuvieron listos sus neumáticos en boxes y permitieron adelantar a Lewis.

Fernando Alonso hizo una carrera soberbia. Partía último por las penalizaciones para tener listo el motor evolucionado en Suzuka. Pero con su ya habitual inteligencia, aprovechó la melée de la primera curva, y recuperó muchas posiciones. Gracias a tener neumáticos nuevos, estuvo exprimiendo el McLaren toda la carrera, con un ritmo muy interesante, a la par aunque algo por debajo de los Force India, esto es, el cuarto equipo de la parrilla. Estuvo en los puntos prácticamente toda la carrera, al igual que su compañero Jenson Button. Y el séptimo puesto final, si bien tamizado por el propio Alonso al considerar que no era sino un noveno sin los abandonos de Vettel y Hamilton, es un resultado magnífico, unido a la novena posición de Button. Toda una inyección de moral para un equipo que sigue sufriendo, pero que empieza a obtener un rendimiento aceptable de su coche. Ahora son sextos en el campeonato de constructores, en la mitad de la tabla. De allí no podrán pasar (Williams está muy lejos), pero es un gran avance. El ascenso ahora, sin embargo, se irá haciendo más complicado conforme se acerquen a la cima.

Carlos Sainz, por su parte, que se vio superado por Kvyat en la clasificación, tuvo una carrera sin incidentes, muy correcta, y coqueteando con los puntos durante toda ella. A veces se le veía sufrir con el equilibrio del coche, algo visible en las dos zonas de enlazadas rápidas de Sepang. Su decimoprimera posición, abandonos de por medio, deja el sabor amargo de no haber podido obtener el premio de algún punto. Pero es que el último punto lo consiguió un piloto vapuleado durante todo el año: Jolyon Palmer. El excampeón de GP2, debutante cuyo año no está resultando bueno, aprovechó muy bien la oportunidad, no cometió errores, y tuvo una recompensa que se antoja merecida. Siempre es fácil minusvalorar a un piloto que es debutante en un equipo con muchas carencias, pero Palmer no es tan mal piloto como parece pintarse, y seguramente sólo necesite más tiempo para aclimatarse.

Destaquemos, en la zona baja, a Esteban Ocon. El francés, subido al Manor desde Bélgica, superó a su compañero Wehrlein en clasificación, y fue capaz de rodar en posiciones de puntos en algunos tramos de la carrera. Sí, fruto de incidentes y estrategias, pero ahí estaba, llegando a ser incluso séptimo. No conocía el circuito, y estaba cuajando un buen Gran Premio, hasta que excedió el límite de velocidad en boxes, por dos veces, y todo se desmoronó. Pero eso no opaca las capacidades mostradas. Es una de las promesas de futuro, y va demostrando una adaptación muy buena.

En definitiva, Daniel Ricciardo mostraba sus dientes, lleno de alegría en el podio y en la rueda de prensa. Max Verstappen sonreía, pero menos. Pero la sorpresa era encontrar a Nico Rosberg muy serio, cariacontecido, pensativo. Y es curioso, porque con cinco carreras por disputar, con una victoria y cuatro segundos puestos, sería campeón. Aún queda mucho, pueden pasarle a él los problemas, pero estadísticamente son resultados asequibles, y es Hamilton el que ahora debe tomar todos los riesgos para recortar una distancia amplia. Será bonito verlo. Pero a Nico Rosberg la fortuna le había sonreído, esa fortuna que dicen que es la del campeón.

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